Juntos recorrimos calles, carreteras, campos, ciudades, kilómetros y kilómetros, el sonido de sus cadenas al pedalear me es más familiar que el sonido del segundero de un reloj.

Hemos entregado buenas y malas noticias, saludos, avisos y cuentos por montones, hemos visto caras alegres, tristes, serias, somnolientas, ansiosas y curiosas.

Ahora, algo mañosa y desgastada, sigue llevando en su lomo, sin musitar, mis preciados e innumerables mapas.